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Si tú no votas, los poderosos te aplauden

Por Miguel Echeverría | Gráfica: Anna Pistacchio

Este domingo 23 de octubre se desarrollará el próximo evento electoral en esta larga y angosta faja de tierra. Estuve bien atento y concluí que los procesos políticos que vivimos en estos días son confusos. Noto un escepticismo instalado y una preocupante reflexión con escasas referencias – que no sean la corrupción o la desconfianza – al opinar sobre nuestra historia política reciente. El diálogo en torno al ejercicio político se ha enrarecido a la luz de los casos de corrupción, el financiamiento privado de la política y el conocimiento público de una serie de antecedentes que conocimos estos últimos años. Y los únicos que pueden hacer algo ante esto, son los ciudadanos.

 Alejandro Estévez, investigador de la Universidad de Buenos Aires, habla de los siguientes factores estructurales que posibilitan este escenario en los gobiernos latinoamericanos:

  1. Concentración de poder y riquezas asociadas a la impunidad
  2. Profundización de las desigualdades sociales tanto en lo material como en los derechos y deberes
  3. Racionalidad instrumental – eficientismo – pragmatismo
  4. Caídas de ciertos valores como fundamento de las decisiones públicas (Tecnocracia)
  5. Egoísmo – individualismo – razón individual.

Los enumero así a propósito. ¿No se trata de una serie de elementos contextuales que caen de cajón para Chile? Es más, desde muchos años que se vienen señalando estas alertas y el problema se acrecienta sobre todo en momentos previos a las votaciones. Existen más denuncias, mayor acceso a la información pública y con ello se prefigura una visión del político como un impune que se sale con las suyas, que no es de fiar y que más encima… ¡Dice representarnos!

Por otro lado, las  campañas ahora tienen nuevas reglas del juego y se han regulado los recursos, plazos y publicidad en el espacio público, con la obligación de informar a los electores. ¡Pero la mayoría no está ni ahí, no le interesa informarse un grano de mostaza! ¿Estarán pensando en las definiciones políticas de sus candidatos? ¿En los temas valóricos, en sus ideas programáticas? ¿Sabrán de su biografía algo más que su lugar de procedencia? Es más, hagamos el ejercicio de preguntar quién sabe cuál es el rol que cumple un alcalde o un concejal o un diputado o un senador. Creo que por sobre todo se nos ha olvidado, a los ciudadanos y también a la élite política, lo que significa realmente representar.

Poder votar y tener un sistema democrático son logros ciudadanos que no se han promovido como tales. No existe en la población conocimiento de las luchas. En dictadura no se votaba y se prohibía la actividad política de los opositores, al comienzo de la república solo podían votar hombres mayores de 21 años y con terrenos a su nombre, marginando a los pobres y a las mujeres durante siglos. ¡Recién en 1934 se obtuvo el voto femenino en unas elecciones municipales! Es necesario conocer estos procesos, para emitir juicios y le corresponde también a los gobiernos ser más activos en la tarea de educar sobre la actividad cívica. 

Y de los ciudadanos, nosotros, los legítimos jueces del control social, se esperaría una actitud más activa. Pero lamentablemente he comprobado en mi recorrido dialogante por Santiago, conversando con la gente, encuestando en la calle y hablando con amigos, que la opción de abstenerse será la victoriosa. Si bien históricamente un porcentaje importante de ciudadanos de manera decidida no participan, y por miles de motivos, en este momento estamos alcanzando niveles alarmantes. En las últimas elecciones presidenciales del año 2013 votó solo el 42% de quienes podían hacerlo. Si este domingo se adopta esa cómoda posición en la mayoría de la ciudadanía, me parecería que no los chilenos y chilenas no están viendo realmente al país.

Aunque también si no votan me pregunto, ¿qué se puede esperar de candidatos que tienen crisis de identidad ideológica y ocultan sus militancias, sus creencias valóricas y sus convicciones, apoyando incluso a los políticos que ahora están siendo procesados? Las expectativas que crearon algunos dirigentes irresponsables como Ricardo Lagos, la falsa promesa de desarrollo, el sobrevender los sueños o lavar y defender la imagen de personajes detestables de la política, fue sumando y sumando indignación. La pesada realidad nos impide ilusionar: hoy la ciudadanía está cansada. 

En lo personal, la situación política que vive el país no me deja tranquilo, me inquieta en mal sentido porque lo encuentro injusto y me remueve al punto de necesitar participar para aplacar la inquietud. No me calmo con la indiferencia o lanzando frases con tufillo insurgente cuando no lo soy. Participo de un partido político crítico, pero de gobierno como la IC (Izquierda Ciudadana), y el ir como candidato a concejal en Lo Prado me aclara que hay maneras de resistir, luchar y, sobre todo hoy, de comunicar en la expresión política la nación nueva que queremos construir.

Me desanimo, me decepciono y a veces creo que es inútil: nadie quiere defenderse ante todo lo ganado por los gobernados. De alguna forma muchos han decidido acatar lo que hay, no darse por aludido y ser silente en momentos donde callar es beneficiar al opresor. Si quieren tirar los dados o mover el tablero a su favor al menos háganse escuchar, si por el contrario esconden su rencor en el silencio y se marginan, lo único que harán es que los poderosos de este país sigan haciendo de las suyas y te aplaudan de pie, con su misma parentela de siempre en la cena del domingo. El abstencionismo beneficiará principalmente a los protagonistas de los peores escándalos políticos y no a la ciudadanía. Te agradecen los poderosos por ni siquiera incomodarlos en este esquema de poder.