llegaeldía

Poesía | Llega el día en que uno aprende a vivir con el dolor

Por: Juan Bilbao | Gráfica: Anna Pistacchio 

Llega el día en que uno aprende a vivir con el dolor,
ese que se hace cuerpo
y tú tan solo su sombra.
De una vez logras y soportas
el peso de todo el cuerpo sobre tu propia existencia oscura,
como quien soporta a un parásito
que se nutre a cada segundo de ti, o como una súbita fiebre                                          luego del duro golpe de la resaca.

Llega el día en que uno aprende a vivir con el dolor
ese día en que uno logra lidiar con los fantasmas
de otra época
que conversan conversaciones que alguna vez ocurrieron
o que quisieron ocurrir
pero no.
Que te empapelan todo por dentro
con fotografías e imágenes del pasado,
esas pocas en que todos los participantes
mostraban sonrisas genuinas.
Tu alma se convierte en el campo de batalla
de una campaña de propaganda,
y por una extraña razón los bandos opuestos
se coluden para recordarte un único
y mismo candidato.

Llega inevitablemente el día en que uno aprende a sobrevivir con el dolor
pisándote los talones como la sombra
de tu sombra,
y las espinas que punzan tu bajo vientre
pasan a transformarse en el telón
cotidiano de tus días,
como una banda sonora
tocada por un viejo gramófono
con su dejo granulado de fondo:
una salmuera ardiente
en la garganta que es el sonido
melancólico que te dice
que ya no, que ya fue, que nunca más.

Llega inevitablemente el día en que uno aprende a combatir el dolor
pero en secreto
porque sabes que cada día será
una nueva derrota
y que las lágrimas comenzarán a correr confundidas por las mejillas mientras te limpias en el receptáculo de la ducha
con las gotas del agua
que se mezclan con tus lágrimas saladas
mientras tú
más confundido que ellas
no entiendes qué te hace estar mareado de pie
mirando el muro embaldosado.

Llega inevitablemente ese día
pero no sé si quiera
o pueda siquiera aprender a vivir
con tu ausencia.