Los mundos tribales en la cabeza de Clotti

Un día, la artista argentina Estefanía Clotti (30) imaginó una tribu de América del Sur y comenzó a dibujar y pintar, como si quisiera estar en ella, personajes y animales en sus actividades cotidianas: lavando ropa, cazando, jugando, comiendo, bailando. Con acrílico sobre papel, madera, cartón o lo que tenga a la mano, crea series y animaciones que comparte con sus seguidores en Facebook, Flickr y Issuu, intentando que las personas se reconozcan y se sientan parte de estas comunidades indígenas, aunque sea solo por un par de segundos.

Por Estefanía Clotti y Emilia Duclos

“Mi trabajo se centra en series de dibujos con pequeñas animaciones que forman relatos de personajes ficticios pertenecientes a pueblos originarios de América del Sur, en donde la naturaleza y los cuerpos son igual de predominantes en cada escena. Algunas de mis influencias han sido artistas como Gaugin, la película La Belle Verte, los documentales de Osvaldo Bayer sobre la matanza de los pueblos indígenas y el trabajo de Florian Pauke, que era un misionero jesuita que trabajó con los originarios de la región y dibujó sus vivencias.

Retrato el entorno natural de un pueblo libre semejante a las tribus indígenas que existieron y que existen, mostrando su cotidianidad, sus costumbres, sus luchas y sus prácticas colectivas de cooperación y solidaridad, en un ambiente distendido y hasta a veces divertido. Me interesa darle vida a estos dibujos a través de distintos lenguajes, del uso de las líneas, el punto, las desproporciones y a través de la gestualidad del trazo, con la idea de retratar las relaciones entre los personajes y su entorno más que la estética misma del dibujo. Los individuos son parte del paisaje con sus deformidades y a veces suelen ser un poco amorfos. Me gusta jugar con lo incompleto, con manchas y texturas que no se sabe bien qué son, que no tienen una identidad definida. Muestro la belleza de una nariz gigante o de un cuerpo deforme porque me interesa desarticular los estereotipos dominantes y transmitir el respeto y la aceptación entre los seres humanos.

Soy de Rosario, Argentina, y gran parte de mi familia trabaja en el barrio Toba de esta ciudad, una zona perteneciente a los qom (o tobas, nombre de origen guaraní), una etnia del grupo pumpido que habita en el Chaco central y que en el siglo XVI comenzó a habitar gran parte del norte argentino. Actualmente, muchos de ellos, perseguidos por la miseria, habitan a las afueras de las grandes ciudades del Chaco. En el barrio Toba, por lo que he visto, investigado y registrado fotográficamente, hay muchos jóvenes que no asumen sus orígenes indígenas y esto se debe a la exclusión y desprotección, por parte del Estado y la sociedad, a la que han sido sometidos desde que habitan estas tierras. Siempre he creído que si se les hubiese dado el lugar y el respeto que merecen por sus creencias y costumbres, hoy estarían orgullosos de ser nativos. Estoy leyendo un libro que se llama América Aborigen, de los primeros pobladores a la invasión europea, de Raul Mandrini, que en sus primeras páginas habla de que conocemos la historia de los nativos a partir de la colonización, porque fue contada por colonizadores y eso es lo que se transmite en toda las escuelas. Borramos de la historia a nuestros pueblos, como si antes de la llegada de los colonizadores no hubieran existido.

Cuando comencé esta serie de dibujos, inspirada en mi experiencia en el barrio Toba, me sentía como una exploradora colonizadora que solo registra lo que observa desde afuera, me veía a mi misma como una invasora en estas tierras ancestrales ficticias, pero después fui dándole otros matices a esa tribu creada por mí y la comencé a ver como mezcla de lo que somos y de lo que fuimos, con la idea de romper con los esquemas del capitalismo y como una salida de escape de este mundo injusto en el que a veces me siento indefensa. Poco a poco me fui integrando, me fui haciendo parte, y aunque es posible que visualmente no se note, logro imaginar todas esas situaciones que dibujo y siento el agua fresca, la sombra de árbol y el calor del fuego como si estuviera ahí. Intento crear un nuevo espacio, en donde el espectador es invitado a entrar y a reconocerse en esa tribu, para que por un momento encuentre una pequeña salida, una fugaz escapatoria, al mundo contemporáneo”.

 

 

 

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