masculinidad

La rebelión de la masculinidad

Mientras un 68,6% de los hombres chilenos cree que en materia de equidad de género ya se ha avanzado lo suficiente, hombres heterosexuales y gays conforman colectivos para cuestionar sus propias conductas y las relaciones patriarcales de las que muchos han sido víctimas. Aquí los femens se toman la palabra.

Por Emilia Duclos

“Entre feministas diversas construiremos este encuentro, esta vez, sin la presencia de los bio-hombres, que siendo tales, conocen de privilegios”, fue la respuesta que recibió Cristián Cabello, feminista militante de la Coodinadora Unitaria de Disidencia Sexual (CUDS), cuando mandó por mail su postulación al Encuentro Nacional de la Diversidad Feminista en noviembre de 2012.

Llegó el día del congreso y la CUDS, junto con feministas de otros colectivos molestos y molestas por la exclusión de los hombres, viajaron a Valparaíso donde se realizaría. Las mujeres se recortaron mechones de pelo y se hicieron barbas, patillas y cejas chasconas. Apretaron sus pechos con bandas elásticas, se pusieron condones rellenos con algodón en la entrepierna y se disfrazaron de flaites, ejecutivos, hinchas futboleros y raperos. Con un lienzo de 6 metros de largo que decía “Feminismo en toma”, subieron el cerro Concepción atravesando las miradas extrañadas de la gente, hasta llegar al Parque Cultural de Valparaíso, en calle Cárcel. Gritaban y pataleaban afuera del lugar, con las feministas mirando desconcertadas tras la reja que los separaba. Trataron de excusarse, de tranquilizar la situación. Que discutirían el tema en la jornada, que para la próxima podían ver si se incluían hombres, les decían.

Un 54,4% de los hombres cree que el rol más importante de la mujer es cuidar de su hogar y cocinar para su familia y un 68,6% cree que en materia de equidad de género ya se ha avanzado lo suficiente.

Esa jornada marcó un quiebre en la concepción del feminismo tradicional. Dejó de ser un asunto sólo de mujeres y, a pesar que desde sus inicios en Chile han habido hombres, heterosexuales y disidentes sexuales que se declaran pro feministas, hoy hay colectivos y plataformas conformados por ambos sexos e incluso agrupaciones exclusivamente masculinas que se declaran contra el patriarcado. “Yo no creo que pueda haber un sensor corporal para decidir quién es feminista y quién no lo es, no importa si tú tienes pene o vagina. Porque al final tampoco es que todas las mujeres sean feministas”, dice Angie Mendoza, militante de la Marcha Mundial de mujeres y vocera de la Coordinadora de Feministas en Lucha, que desde 2014 año representa a distintas agrupaciones que abordan el tema de género y disidencia sexual.

Esta es la opinión más generalizada entre las feministas jóvenes, que en los últimos años se han abierto a la participación de los hombres en el movimiento. A Debbie Guerra, histórica antropóloga feminista militante de la Red de Mujeres de Valdivia y del Colectivo Ensurando, esto le cae como patada en la guata. Sus años de militancia, desde los 80 en plena dictadura, y su experiencia trabajando con hombres, le hacen oponerse a la idea de que integren los espacios feministas porque tienden a decir a las mujeres qué cosas tienen que hacer y cómo las pueden llevar a cabo,  marcando su propia agenda dentro de los colectivos. “Es complejo porque ellos no tienen experiencia de lo femenino. Ejercen su masculinidad y empiezan a copar espacios que no le son propios. A nosotras lo público nos cuesta un poco más porque es como hablar en segunda lengua, porque lo empezamos a aprender no hace mucho. Evidentemente el que va a tener la hegemonía es el que es nativo en ese lenguaje. Y los hombres lo son”, dice Guerra.

Paulina Weber, directora de Memch -Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena-, piensa parecido a Debbie Guerra. Según ella los hombres gays o transexuales deberían formar sus propias organizaciones y colectivos antipatriarcales: “No quiero decir que esté en contra de ellos, sino que deben tener sus propios espacios con sus propias demandas y problemáticas”.

Mientras se mantengan fuera del perímetro de las feministas, para ellas no hay problema en que apoyen al movimiento y que trabajen su masculinidad entre ellos. Debbie cree que esa es una tarea que tienen pendiente: “Los hombres deben trabajar entre hombres porque ellos tienen muchos asuntos con los que tienen que lidiar y allí las mujeres, que no tenemos la experiencia de lo masculino, no podemos decir mucho, no nos podemos poner en sus zapatos”, afirma.

Los Porotos

Andrés Díaz tenía 20 años cuando una conversación le hizo cambiar el switch. Estaba en Curarrehue, en la casa de una amiga española que tenía un hijo y una guagua de meses. Le contó que estaba cansada, que la noche anterior su pareja y ella no habían dormido nada porque se turnaban para ver a la guagua. Ella le daba pecho y él le sacaba los flatos y la hacía dormir. “Ahhh, cuando nació mi hija yo no hacía eso, nunca me levantaba porque tenía que trabajar en la mañana, en cambio mi polola no”, comentó Andrés.  Su amiga inmediatamente lo interpeló. Que cómo que su mujer no trabajaba si también se despertaba temprano a hacer las cosas de la casa, que el cuidado de la guagua no era sólo de ella sino de ambos, que le parecía insólito. “Ahí me cuestioné las formas de una paternidad más solidaria. Entendí que no era un ejercicio de apoyo, sino de colaboración mutua”, dice Andrés, a doce años de ese día.

Estudió trabajo social en la Arcis, empezó a meterse en temas de género y conoció a Francisco Farías en 2009, fundador del colectivo Poroto que desde el 2007 trabaja temas de masculinidad y género entre hombres. Fue a las reuniones de la agrupación y le puso nombre a todos sus cuestionamientos. Entendió por qué se reían de su papá cuando lavaba la loza, entendió por qué en su colegio (sólo de hombres) tenía que ser violento para hacerse respetar. “Uno empieza a tener una discusión con uno mismo en función de cómo vivir, de cómo cuidar a los otros, a tus hijos, a ti mismo, a tu familia. De cómo nos relacionamos, por ejemplo, sin competir entre varones”.

Nosotros ya dejamos de ser esos hombres simios, pero pucha, a pesar de llevar 10 años en el colectivo, seguimos reconociendo que miramos a las compañeras en el metro o me doy vuelta si veo a una chica linda”, dice Andrés Díaz del colectivo Poroto.

Hoy Andrés es parte del colectivo que agrupa a 12 hombres desde los 20 a los 55 años. Se reúnen periódicamente y hacen talleres de reflexión, con convocatoria abierta a hombres, sobre distintas temáticas, como sexualidad, aborto y paternidad. Se consideran pro feministas y antipatriarcales, pero no derechamente feministas “por respeto al movimiento”. Reconocen que el colectivo surge gracias a las constantes interpelaciones de agrupaciones de mujeres para que los hombres se hagan cargo de sus conductas. “Para mí una clave del feminismo es esa conciencia de poder criticarlo todo. Es un elemento súper revolucionario”, dice Andrés.

Se cuestionan constantemente la forma de actuar frente a situaciones en donde su militancia entra en conflicto, como en los carretes o juntas de amigos. A veces pueden llegar a ser odiosos criticándolo todo. “O te vuelves un hueón insoportable que no va a nada o estás en esos espacios y compartes, pero tensionas y problematizas lo que no te parece”, dice Francisco. A casi todos los Porotos les gusta juntarse a ver fútbol, pero no gritan ni promueven burlas homofóbicas o comentarios que feminicen al equipo contrario. “Yo a lo mejor estoy desarrollando una práctica de crítica, pero ¿nos vamos a ir de esos espacios masculinos? ¿Nos vamos a aislar?”, dice Francisco.

Tanto él como Andrés reconocen que como hombres cuentan con privilegios que no tienen las mujeres, como caminar tranquilos por la calle sin sentirse acosados. Han realizado conversatorios sobre acoso callejero, pero admiten que en algunas ocasiones son ellos mismos los que tienen actitudes ‘micromachistas’. “Nosotros ya dejamos de ser esos hombres simios, pero pucha, a pesar de llevar 10 años en el colectivo, seguimos reconociendo que miramos a las compañeras en el metro o me doy vuelta si veo a una chica linda”, afirma Andrés.

Poroto y Hombres (de)construyendo(se), que también trabaja a través de talleres e instancias educativas el tema de masculinidades en Valparaíso, son los únicos colectivos formales en Chile exclusivamente de hombres antipatriarcales. “Nosotros somos una movida”, dice Francisco. El centro de estudios EME, de masculinidad y género, es otra instancia en donde se abordan estas temáticas, pero con un enfoque de investigación. Coordina en Chile la encuesta Images, de masculinidades y equidad de género, que aborda temas de violencia, trabajo, familia, sexualidad y distintas percepciones sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Según el último informe, de 2011, un 54,4% de los hombres cree que el rol más importante de la mujer es cuidar de su hogar y cocinar para su familia y un 68,6% cree que en materia de equidad de género ya se ha avanzado lo suficiente. “Este dato revela la invisibilización de las inequidades y discriminaciones de género en una parte importante de la población”, se lee inmediatamente después de esa cifra.

Feministas disidentes

Cristeva Cabello (con megáfono) en última marcha por el aborto

Cristeva Cabello (con megáfono) marchó embarazado en el día de la mujer

“Abortar como animales”, decía el lienzo que Cristián Cabello (Cristeva) sostenía junto con otros miembros de la CUDS. Ese 11 de noviembre de 2014, las y los feministas de distintas organizaciones salieron enfurecidos a la calle cuando se conoció la noticia de una niña violada de 13 años que fue obligada a tener su guagua.

-¿Por qué estás marchando tú si nunca vas a abortar?- Le preguntó a Cristián una señora de más de 55 años, que llevaba su propia pancarta de aborto legal y seguro. No alcanzó a decir una palabra cuando una amiga de él, militante de la CUDS, saltó a increparla.

-Y usted tampoco- le dijo.

Hubo un silencio. Cristeva, en ese momento, pensaba en lo insólita que era la situación: un gay, una lesbiana y una mujer en edad no reproductiva marchando por el aborto, algo que no les tocaría vivir a ninguno de los tres. Para la última marcha pro aborto, del 7 de marzo, los hombres de la organización se pusieron bultos debajo de la ropa y marcharon embarazados. Querían dejar claro que el aborto no era un tema exclusivo de mujeres. 

Cristeva Cabello (27 años) comenzó su militancia en la Universidad de Chile leyendo a autoras que escribían sobre disidencia sexual y feminismo. Paralelamente participaba en la CUDS, que en sus inicios en 2001 era un colectivo que sólo abordaba temas de diversidad sexual. En su colegio, el Instituto Nacional, le decían “buta”, de buda, por andar rapado, y puta, por gay. “Nunca ha sido el espacio de los hombres un lugar donde sienta complicidad. Una vez me llamaron señor en una reunión ¡Y acá no hay ningún señor! Uno hace un trabajo para quitarse ese peso y esa norma que te exige ser hombre”, dice.

Actualmente en la Universidad de Chile es donde existen más colectivos y plataformas de jóvenes feministas. Tacones de Mathei, surgido a finales de 2012 por hombres y mujeres de distintas tendencias sexuales, es uno de esos. Le pusimos así porque queríamos jugar con la sátira y buscar una figura institucional, que es la que menos representa al feminismo. Es romper con el imaginario del sentido común, porque se dice ‘aah es que tenemos una presidenta mujer’ y eso no es feminista”, dice Nelson Alfaro de 21 años. Para él el humor y la crítica son formas de acercar el feminismo a la gente  y de criticar las prácticas de su universidad, que según él están muy masculinizadas: “En las mismas asambleas de estudiantes se apela mucho al intelectualismo, se alza la voz para tener la razón. Es como tener la pichula en la mano, hablar complejo para que tú no me puedes debatir”, afirma.

Nelson vivió toda su infancia en Antofagasta con su mamá, su abuela y su hermana. Su papá era minero y nunca lo veía. Su madre se llevaba la mayor carga en la crianza y eso le molestaba, no entendía por qué las familias tenían que responder a un modelo y tener tan fuerte a la figura del padre, aunque no estuviera en la casa. Ahora se cuestiona si realmente tiene que seguir existiendo la familia como institución. “Puede haber crianza comunitaria, modelos más libres,  no tiene que existir un rol de mujer dueña de casa y hombre trabajador”. Si alguna vez se aprobara el matrimonio gay, dice que se casaría solo para manosearlo, divorciarse y mandarlo a la chucha. 

Sitios web

-CUDS https: http://disidenciasexual.tumblr.com / www.facebook.com/cuds.chile?fref=ts /

-Colectivo Poroto: http://kolectivoporoto.blogspot.com/   www.facebook.com/kolectivo.poroto?fref=ts

 -Hombres (de) construyéndose: colectivodehombresdeconstruyendose.blogspot.com 

www.facebook.com/Colectivodehombresymasculinidades?fref=ts

 -Eme, Masculinidades y Equidad de género: www.eme.cl