FOTO | Los niños de la Estación Paveletskij Vokzal

Texto y fotografías: Patricio Salinas A.*

Andrei, Mikhail y María tienen frío, sobretodo por las mañanas. Se levantan muy temprano de sus guaridas en la gran estación de Moscú Paveletskij Vokzal y se pierden entre los transeúntes, antes de que los guardias los echen. Acostumbrados a escapar, conocen de memoria todos los rincones y escondites que tiene el edificio. Mendigan rubros en la calle para conseguir un pan o comprarse un chocolate caliente, y escudriñan entre los restos de comida que los pasajeros apurados olvidan en la estación, que conecta a la ciudad con otras regiones como Volgograd a casi 1000 km al sur, a Baku en Azerbaijan o Luhansk en Ucrania.

Diseñada por el arquitecto Alexander Krasovsky a principios de siglo XX, la estación de ferrocarriles Paveletskij Vokzal es una de las más grandes de Moscú. En 1924 fue el lugar donde los moscovitas acudieron a rendir homenaje al cuerpo del fallecido revolucionario y jefe de gobierno Wlademir Lenin

Son amigos y compañeros de calle. Se conocen hace poco, pero los une la misma historia de vida: los tres escaparon de hogares con padres alcohólicos y fueron víctimas de abuso, maltrato y brutales golpizas. Se cuidan entre ellos, comparten lo que tienen y cuando un transeúte insulta a algún miembro del clan, todos reaccionan. En las noches buscan juntos dónde dormir. Cuando tienen suerte y hay lugar, son acogidos por alguno de los centros infantiles de la ciudad, pero la mayoría de las veces se las arreglan con sus abrigos de piel, abrazados en un rincón, soportando los -30º del invierno ruso.

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Andrei, Mikhail y María. Click para ampliar

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Andrei, Mikhail y María. Click para ampliar

Corrían los últimos años de los ochenta en la Unión Soviética y se palpaba la pobreza en todos los estratos de la sociedad civil. Eran tiempos difíciles, de crisis económica, inflación desatada, escasez y grandes cambios. Gorbachov insistía en que la economía soviética estaba estancada y que la reorganización era necesaria. Para palear la caída del imperio, anunció rápidas medidas como la glasnót (liberalización, apertura, transparencia) y la perestroika (reconstrucción), descentralizando el sistema de gestión y entregando mayor autonomía a las comunidades.

A Andrei, Mikhail y María los conocí cerca de la estación una mañana de invierno de 1990, mientras realizaba un reportaje para una revista sueca sobre las reconversiones en la economía soviética y sus consecuencias sociales. Fuimos a tomar un chocolate caliente y me contaron sus dramáticas historias. La gente pasaba cerca y miraba de reojo la escena, pero nadie se detenía a escuchar.

Años después volví a Moscú y pasé por la misma estación. No los encontré.

*Patricio Salinas es un fotógrafo y periodista independiente chileno que reside en Suecia. Ha trabajado para diversos medios de comunicación en Europa y Latinoamérica, fue director del Centro de Fotografía en Suecia (CFF) y actualmente administra el espacio cultural Gamla Hotellet, a las afueras de Estocolmo.