Entrevista a Liss Orozco, directora de “El pacto de Adriana”

Por: Revista Córtela | Gráfica: Anna Pistacchio

“Es una película que toca muchas capas: doy a entender que alguien humano a mis ojos puede tener un pasado inhumano”

Cuando Liss Orozco (29) supo que la hermana de su abuela estaba involucrada en crímenes de lesa humanidad, por ser la secretaria personal del ex DINA Manuel Contreras, tomó su cámara y comenzó a documentar su cotidianidad. Tras cinco años de trabajo, su ópera prima fue premiada en la Berlinale 2017, uno de los más prestigiosos festivales de cine del mundo en la capital alemana y en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara de éste año. En esta entrevista, la directora nos cuenta algunos detalles de su película y de lo que significó para ella realizar un trabajo tan íntimo y familiar.

El premio de la paz, obtenido por Liss, es de un especial simbolismo para quienes abordan éste tipo de temáticas, debido a que es un jurado independiente del Festival Internacional de Berlín quién concede el premio a la obra que fomente la convivencia pacífica. En la 32° edición de esta premiación, el jurado compuesto por directores de cine, profesionales de medios de comunicación y activistas político-culturales halagó la obra por su compromiso con la revisión de una historia biográfica de importantes connotaciones nacionales.

La obra de Liss Orozco, El Pacto de Adriana, da a conocer de manera biográfica e íntima la vida de su tía Adriana Rivas, ex secretaria personal de Manuel Contreras -jefe de policía durante la dictadura de Pinochet- mientras es acusada por delitos de lesa humanidad. Cuando Liss se enteró del pasado oscuro de su tía, hoy con 65 años, un montón de preguntas se le vinieron a la cabeza: ¿Qué hacía ella mientras se perpetraban los crímenes más traumáticos del último tiempo en Chile? ¿Sabía todo lo que sucedía? ¿Fue cómplice? ¿Cómo toma las acusaciones en su contra?

Sabiendo las acusaciones contra tu tía, ¿cómo logras humanizarla y entrar en su cotidianidad? 

Creo que logré humanizarla cuando le entregué una cámara para que desde Australia, donde estaba viviendo, me enviara sus impresiones. Ese es el detonante de la historia. La buscaba en distintas dimensiones: la grababa yo, se grababa sola, y cuando ella me preguntaba qué grabar le decía: “si te pasa algo, si comes algo, si sales a pasear, graba”, esa fue la dirección. Finalmente, yo cuento lo que ella quiso decir de sí misma. Es una película que toca muchas capas: doy a entender que alguien humano a mis ojos puede al mismo tiempo tener un pasado inhumano, me meto en la psicología de mi tía, en su complejidad y en su cotidianidad. Pero esa fue una reflexión a la larga, no tenía esa conciencia cuando me dispuse a hacer la película. Solo pensé: “Esto hay que registrarlo porque me está pasando, y si estudié cine y tengo una historia en mi casa, tengo que grabar”.

Cuando supiste de esta historia, ¿qué pensaste? ¿Cómo impactó en tu vida personal?

Me imaginaba que todo acusado tiene el derecho de dar su propia versión, por muy ridícula que sea, y, por sobre todo porque era un familiar, alguien a quien quería y, por supuesto, le creía. Advierto que aquí casi todas las respuestas concluirán en “vayan a ver la película”, entonces solo les puedo adelantar que con todo este trabajo vivo el proceso de descubrir quién es realmente mi tía en las grabaciones.

¿En cuánto tiempo desarrollaste el documental?

Partí hace cinco años, cuando tenía 24 y ahora tengo 29. Me van a ver con frenillos (risas), incluso como más gordita. Pasas por distintas etapas de tu vida sin saber lo que significa que te estés exponiendo. Tuve que reaccionar, no lo estudié, solo grabé.

En un principio el documental se llamaría “Sin chapa Adriana”. ¿Por qué decidiste cambiarlo a El pacto de Adriana?

Nunca estuve muy segura del nombre, sobre todo porque en el extranjero no se entendía. Tenía que mostrar en Bogotá un corte del documental y no estaba segura del nombre. Le pedí a una amiga que me ayudara a ordenar esta ensalada que tenía en la cabeza. Llegó y me dijo: “¿Y el pacto de Adriana”, me gustó y lo envié. Me gusta porque hablaba un poco del pacto, de la lealtad que le tiene quizás al Mamo, a Pinochet o a esta nefasta institución. Es un pacto también como de lealtad a sí misma, a su pasado, creo que nunca va a aceptar lo sucedido porque quizás es inconfesable, como ser humano, es un pacto propio que hizo como mecanismo de defensa.

Si bien es una historia personal, se vuelve un drama social, es como si todos nos identificáramos con tu historia porque es la historia de muchos en Chile…

Sí, me di cuenta de eso cuando le comentaba a algunas personas que estaba grabando la vida de mi tía abuela que trabajaba para la DINA y que se la habían llevado detenida por eso. Con tan solo ver la reacción de la gente, me di cuenta de que no estaba puro hueviando, que había algo importante ahí. Hay gente a la que le toca mucho el tema por todo lo que les tocó vivir en dictadura. Yo vengo de una familia pinochetista, sobre todo por mi abuela que me crio, y tuvimos algo así como un viaje juntas con la película. Nos entendíamos y hablábamos para hilvanar el relato. La entrevisté y en el documental ella habla de su hermana. Al principio tal vez no le gustaba mucho, pero después entendió que yo no estaba haciendo este documental por caprichosa, era importante y necesario. Es que es un tema que afecta a mucha gente. Por ejemplo en Berlín, cuando terminaron de exhibir la película, me llevaron hacia adelante y cuando encendieron las luces, vi mucha gente llorando. “Oh, quedó la cagá”, pensé. Entonces imagínate: yo muy niña ahí con vestido en la premier con toda esa energía adelante y respondiendo un montón de preguntas intelectuales y también sobre mí, por todas las capas que tiene la película. A la salida había una alfombra y había gente con sus entradas esperando para que se las firmara. No lo podía creer. En la segunda función una alemana me pidió que mostráramos la película en la universidad donde trabajaba…En Alemania el tema de la memoria es súper delicado todavía, siento que ellos todavía se tienen que redimir por la brutalidad del holocausto a nivel mundial. Y muchos exiliados chilenos agradeciéndome también

¿Y cómo se toma este éxito tu familia? 

Ahora es otra etapa, una amiga en Colombia me decía que ahora viene lo peor. Estoy súper clara de lo que expongo y de lo que develo con la historia, pero hay personas que no lo van a entender igual, hay que explicar mucho porque quizás es la primera película documental biográfica que tienen en su vida. Uno de los mayores desafíos es explicar…Me ha tocado darle explicaciones a quienes ni siquiera han visto la película. “Me dijeron que dejaste a mi mamá como loca”, me decía una tía. Y sí, grabé su demencia senil que comenzó cuando empezamos a grabar y fue empeorando con los años, y eso se nota porque es un documental. Es difícil, porque estoy dando un punto de vista en una hora y media. La película hay que dividirla en tres ejes, yo soy el personaje que busca encontrar la verdad con la memoria, mi tía es la que busca inventarse una nueva memoria y mi abuela es quién no puede evitar que la memoria se le esté yendo. Entonces se construye una metáfora con la memoria que nos une a las tres, ahí hay otra lectura de la película.

Además incorporas en el documental todo el revuelo mediático que genera la acusación contra tu tía…

Claro. Le hacen un reportaje en en la ABC de Australia, una entrevista en el SBS e incluso en libros como “La Danza de los cuervos” y “Los malos” es nombrada. Si tú buscas “Adriana Rivas funa” salen muchos videos en youtube. Entonces hay cosas de mi película que estaban pasando y yo las incorporé junto con la reacción de mi tía. Yo, con este trabajo, entrego una interpretación personal y al que le gusta, bien. Y porque así lo viví. Ahora tengo que continuar con mi vida, tengo que ver a mi tía y mi familia. Ella no lo ha visto al parecer, solo le dan interpretaciones de terceros.

¿Hablas con tu tía?

No, solo me habló después de una entrevista que hice para la Qué pasa por una frase que la afectó mucho y siento que se lo expliqué bien a la periodista, pero ella escribió algo así como “si mi tía es culpable tiene que ir a la cárcel”, cuando lo que yo quería decir era que si ella viene a Chile, enfrenta a la justicia y termina en la cárcel, la iría a ver. Ella sabe lo que yo pienso, pero yo no se lo he dicho. Lo peor es que ni siquiera ha visto la película, por lo que debe suponer muchas cosas.

¿Tenías pensado que terminara siendo tan personal?

Toda mi película es material que generé con propia investigación. Eso terminó siendo. Con los pocos recursos que tenía postulé a fondos audiovisuales que nunca me gané. Le envié la cámara a mi tía, está todo el tema de la extradición y así iba levantando esta historia sin parar, aunque no tuviera los recursos. Yo seguí avanzando con la historia y podría haberla terminado hace mucho tiempo si hubiese tenido más apoyo. El pararte frente a la historia y concluirla es una decisión personal, pero esto está sujeto a procesos largos que no se cierran tan fácil. Eso pasa con los documentales biográficos, como por ejemplo Mi abuelo Allende, que es un trabajo largo como de 10 años. Los procesos humanos son intensos.

Les dejamos a continuación el trailer de El Pacto de Adriana y estén atentos porque el 5 de octubre se tiene previsto estreno nacional, ¡no se lo pierdan!