feminismo

El feminismo no es moda

Por Javiera Aliste  |  Gráfica: Anna Pistacchio

Últimamente, entre amigos y en las redes sociales, se ha hablado mucho de feminismo a raíz de la muerte de las dos jóvenes mendocinas en Montañita, de la convocatoria a una nueva marcha por el Día de la Mujer y de la reciente aprobación de la ley contra el acoso callejero en la comisión de seguridad del congreso y delaborto terapéutico en la comisión de constitución.

Desde hace un par de años, cuando se presentó por primera vez la feminista Melissa Sepúlveda a la presidencia de la FECH, vengo escuchando esta frase, una y mil veces: “el feminismo está de moda”. Hoy quiero desmentir y aclarar por qué creo que el feminismo NO ES UNA MODA y tampoco ESTÁ DE MODA. Como feminista me pregunto: ¿Con respecto a qué se asume eso? Algunos podrían decir que está de moda porque Emma Watson se declaró feminista y quiere iniciar un grupo de lectura sobre feminismo, porque ahora las famosas hacen campañas sacándose fotos sin maquillajes o porque ahora todos los bloques políticos, tanto universitarios como de los grandes partidos, se declaran “feministas” y han creado “brazos de mujeres” en los que abordan las temáticas de género.

El feminismo es la propuesta política y la lucha cotidiana por rebelarnos, mujeres y hombres, contra el patriarcado que nos oprime. En palabras de Julieta Paredes, feminista y una de las fundadoras del movimiento feminista anarquista boliviano Mujeres Creando, “el feminismo es los diversos movimientos sociales y propuestas de vida de personas que luchan por destruir el sistema patriarcal propio de sus sociedades, en cualquier parte del mundo, en cualquier etapa de la historia”. Es una lucha por derechos justos e igualitarios, pero también por desnaturalizar las opresiones que operan en nuestros cuerpos, en nuestras relaciones, en la construcción de nuestras subjetividades, en la organización de nuestros espacios cotidianos. El feminismo es revolucionario, y no es una moda, porque es la construcción de libertad en todos los ámbitos y en todos los tiempos.

La heterogeneidad es una parte constitutiva del feminismo desde su génesis. A lo largo de su historia, el movimiento ha ido incorporando temas e integrantes de acuerdo a las sinergias con otros colectivos. Pero también, a lo largo de sus “olas”, el feminismo ha tenido que dar la batalla en dos frentes al mismo tiempo. Primero en la sociedad, para hacer visible y desnaturalizar la condición de subordinación de la mujer, y segundo, dentro del mismo movimiento, para que la convivencia de las distintas ideologías al interior de este no sea un factor de ruptura.

Existen múltiples feminismos, porque no existe una mujer universal, sino diversas mujeres y diferentes realidades y contextos en las que se encuentran insertas. Por ende, feminismo no hay uno solo: son múltiples y plurales, y conforman un conjunto heterogéneo de ideologías y de movimientos políticos, culturales y económicos que tienen como objetivo la igualdad en deberes y derechos entre las personas, sea cual sea su identidad de género.

El feminismo debe ser entendido como un movimiento político y social que tiene como fin principal la caída del sistema patriarcal, entendiéndolo como un sistema que nos oprime a las mujeres –y  a lo que representa lo femenino– en todos los ámbitos de nuestras vidas, en aspectos sociales, culturales, políticos, económicos y simbólicos. Un sistema que cosifica, quita derechos, nos obliga a ser madres, nos impide abortar y no nos deja decidir sobre nuestros cuerpos. Es servicial al capitalismo, teniendo una división sexual del trabajo que relega a la mujer al ámbito privado y al hombre al ámbito público, y no solo oprime a mujeres, sino que, en distinta medida e intensidad, afecta al conjunto de la sociedad, estereotipando comportamientos según el sexo con el cual se nació. El feminismo busca liberar, tanto a la mujer como a toda la sociedad, de las imposiciones del sistema patriarcal y de las opresiones también del sistema capitalista.

Moda se define como “gusto, costumbre o uso, o conjunto de ellos, propios de un grupo, un período de tiempo o un lugar determinados”. Si se señala que el feminismo ES una moda, determinamos que este tiene una fecha de inicio y de término, porque estaría subordinado a un momento de nuestra historia. El feminismo que deberíamos conocer y entender, tanto como simpatizantes o críticos de este –porque para criticar primero hay que saber– , ha sostenido una lucha que viene de antes de lo que pensamos porque, como ya señalé, el patriarcado nos viene oprimiendo por siglos, y hasta ahora no veo con nitidez el fin de este.

Afirmar con tanta libertad que el feminismo es una moda es pasar a llevar demandas y luchas que históricamente han levantado miles de mujeres en Chile y en el mundo. La historia se remonta a tres fases u olas, denominadas así por las historiadoras feministas. La primera comenzó en el siglo XVIII, cuando la polémica sobre igualdad y diferencia entre los sexos se planteaba con un discurso crítico, a través de la filosofía de la Ilustración. El detonante fue la publicación de la obra “Vindicación de los derechos de la mujer”, de Mary Wollstonecraft (1792). La segunda ola fue el feminismo liberal sufragista, centrado en el derecho al sufragio y a la educación, y la tercera ola comienza en los años setenta con lo que las feministas llamaron “el malestar que no tiene nombre”. Aquí comenzó el análisis sobre la estructura del patriarcado y de la situación de las mujeres en todo el planeta, porque no se reconocían realmente sus derechos humanos, declarados “universales” en esos años. La tercera ola se extiende hasta la actualidad, y constituye una continuación y una reacción a las lagunas que se perciben en el feminismo de la segunda ola.

Debo reconocer que hoy se habla más de feminismo y que gran parte de la ciudadanía está al tanto de sus demandas, pero creo que reducirlo a una moda es quitarle toda la carga histórica que tiene. Y aun así, si a pesar de todo quisiéramos  admitir que está de moda y que eventualmente puede generar cambios de paradigma en nuestra sociedad, ¿podemos afirmar realmente que está transformando la cultura chilena? Si así fuera estaría presente en todos los ámbitos de nuestra vida, y hasta ahora nada de eso he visto. Si de algo sirviera que se impusiera como moda, se apuntaría a quebrantar aquellos esquemas de pensamiento y comportamiento donde se considera a la mujer como sujeto pasivo y seriamos vistas como sujetas de deberes y derechos equivalentes a los de los hombres. Si el feminismo estuviese de moda no debería ser necesaria una ley contra el acoso callejero, porque todas las mujeres caminaríamos sin miedo por la calle. No se escucharía a ninguna madre reprochando a sus hijas y diciendo que es por culpa de usar ese short o esa falda que los hombres les dicen cosas por donde transita. Estaríamos viviendo en una sociedad completamente distinta, donde se dejaría de juzgar el quehacer de las mujeres con respecto a sus cuerpos, existirían mejores condiciones laborales e igualdad salarial para todas. Se dejaría de criar hombres y mujeres asociados a estereotipos y roles, hombres rudos, dominantes, y mujeres víctimas y sometidas.

Apostemos por cambios estructurales que no pasen de moda y que cambien nuestro paradigma. Por una educación no-sexista, por políticas públicas que apunten a construir relaciones igualitarias y democráticas entre hombres y mujeres, que promuevan la igualdad de oportunidades para unos y otras. Enseñemos a niños y niñas, jóvenes y adultos que cuando una mujer dice no, es no. Enseñemos que las mujeres tenemos autonomía para decidir sobre nuestros cuerpos y vidas, que no podemos ser juzgadas ni controladas en ningún ámbito de nuestras vidas con respecto a qué usamos, qué decimos y cómo actuamos. Que existan cambios desde los hogares, que en las escuelas se pasen contenidos de educación sexual integral y que hayan verdaderas transformaciones en el ámbito laboral, con respecto a sindicalización y derechos laborales.

He visto que la izquierda en Chile, en general, plantea el feminismo como lucha secundaria, que se suma a las reivindicaciones generales de clase. Esto da cuenta de un sesgo político y de un machismo implícito. En este escenario, es de suma importancia que surja la necesidad, desde las organizaciones y los colectivos feministas, de cambiar la forma de hacer política en la izquierda, de replantear el movimiento social, contribuir a su cambio y a su profundización ideológica-política. El feminismo es integral y lucha contra todas las formas de opresión que generan los sistemas de dominación, en los cuales la subordinación de la mujer ha sido fundamental e histórica. En este sentido, el feminismo no es parte de una rama de otras perspectivas o ideologías mayores: es por sí solo un paradigma revolucionario que reúne nuestras demandas, ideas y proyecciones como sujetas y sujetos.

El feminismo es contracultural, va contra lo establecido, y por eso no puede reducirse a una moda que dicta estándares y determina formas y estilos. Como ya afirmé, el feminismo se constituye en función de su heterogeneidad y no es un movimiento sino varios, porque en el mundo habitan un sinfín de mujeres con características múltiples que se encuentran inmersas en contextos diferentes. No se puede dictar un manual de comportamiento a cómo llevar el feminismo. No caigamos en reduccionismos: el feminismo le ha dado contenido a todas las luchas y, a mi juicio, es transversal.  Si quiere subirse a este carro, hágalo, pero sea consciente de todo lo que el movimiento histórico quiere reivindicar y de la batalla que han dado las mujeres. No tome como suya una lucha que, en su vida cotidiana, no la practica realmente.

El feminismo es en todos los espacios y en todos los momentos de nuestra vida un actuar y pensar. Hagámonos conscientes de cómo planteamos nuestras relaciones humanas. Seamos consecuentes. Todas y todos estamos invitados a levantar la lucha por una sociedad igualitaria donde nadie sobra, no por tu género, condición económica, religiosa y étnica.