casa alta

Crónica | Casa Alta 357: Vístase la vista de palabras

Por Camila Paz Acevedo

En la Casa Alta en Cartagena, un grupo de deambulantes se reúnen en una tertulia poética. Se mueven del valle al mar, intercambian palabras y regresan, como las olas en el llamado litoral de los poetas.

Google Street View:  https://www.google.cl/maps/@-33.545501,-71.6044258,3a,75y,345.54h,99.07t/data=!3m6!1e1!3m4!1siXA5oTrObC1pO4DHKI9imw!2e0!7i13312!8i6656

Volteando en Avenida Cartagena, por Ignacio Carrera Pinto, se encuentra la casa Alta 357. Al llegar hay una puerta roja, justo entre dos edificios. Simétrica, parecía el cuadro perfecto para una historia de Wes Anderson.  Un joven poeta, con un envase de malta bajo el brazo, bajaba la escalera que da a la entrada. Era Matías Morales, el dueño de casa.

La ciudad de Cartagena, el litoral de los poetas, parecía uno de esos lugares mágicos, donde, a medida que vas avanzando, los personajes aparecen. Nadie había llegado al encuentro aún, pero algunos ya le habían dicho a Matías que se pasarían por la Casa Alta.

Fuimos por la malta. Por la vereda frente a la casa, pasó Óscar, el poeta perdido. Caminaba apurado, Matías le preguntó si iría al encuentro. Dijo que sí, haría un trámite y llegaría.

Juan, el poeta de la industria, me acompañaba. Había pasado algunos escritos y notas de su celular en un cuaderno rojo Colón. Entre los títulos leí “Beso a la Industria”.

Beso a la industria | Por Juan Cáceres

El panorama es espejo

Los hombres se multiplican

Parece Saturno

Y yo camino tonta

Lo único que tengo es mi trabajo

Y mis sentidos.

Pero al ingresar me separo

Clamo en mímesis pasar cerca tuyo

Me desvivo en serie

Me desmonto

Blanca fábrica sos templo

Tus sacerdotes sudan hasta la primavera

Protegidos por el gruñido

Del cancerbero

La máquina.

Entramos a la Casa Alta y nos recibió la más hermosa vista del mar en un día nublado, cuando los rayos juegan a  cruzar la ronda de nubes para tocar el mar. La Ágata y la Cocó fueron las primeras protagonistas: el par de gatas llegaban a la terraza desde los techos vecinos a descansar de su recorrido.

Los encuentros en la Casa Alta son presididos por Matías y por Dökala, quien estaba adentro, esperándonos. Mientras conversábamos llegó Óscar –el poeta perdido– con un silencioso acompañante que solo venía a escuchar. 

Las copas llenándose, algo de malta y vino manchando el mantel color mantequilla, una copalera tolteca donde se quemaban hierbas, y nosotros, que también quemamos unas con nuestros pulmones, rodeábamos la mesa bajo el parrón. Dökala me parecía la maga de las palabras, conversaba con todos, pero no fumaba ni tomaba. “Me gusta ser sobria en todos los estados”, decía. Le interesaba que las instancias culturales, espirituales y poéticas en Cartagena fueran un espacio para convocar. Hablaba de sus talleres, el de elementos de poder, iniciación al sagrado sahumador, iniciación reiki, charlas y las tertulias poéticas.

Nos sentamos juntos mirando hacia el mar, con tres cuencos, un tambor, y un didgeridoo. Una sono sorpresa envolvió a todos los asistentes.

El dueño de casa, Matías, comenzó la tertulia. Su poema con tintes de rap insistían en una crítica.

Sin título | Por Matías Morales

Tranquilidad de pueblo

Soledad de micro vacía

En la tarde del domingo

Los charcos agigantados

En las pequeñas veredas

Y las calles anegadas

De alcantarillados tapados por cemento

Cruel destino de las raíces del pueblo

Que fue obligado a mutar en ciudad

Despojándose de su terrocidad y arborescencia

Amalgamando los intentos

En feroces mezclas

Intérpretes de vociferaciones

Sacaran el alma pétrea

En cajones de aire

Y dispersarán los pájaros del almendro

Cual explosión de perdigones

Los pregones de sus pulmones

De sus labios esperando un consuelo

De su lengua batiendo palabrería

Y esperando refrescarla con cerveza fría

De eso orígenes aborígenes conozco

Los bálticos dorados cristal escuderos

Vikingos cerveceros

incontenido aventurero

Ente aplanante

De calles piantes

Jinete centelleante

De oscura mente

Inverosímil atenuante

Si llegan a capturarle

Ojos negros mirasen

El reflejo ancestro

De un trizado cristal

Mares de personas

Durante el día

Inundan los centros

De la ciudad

Mixtura de ritmo

Historias que contar

Actividad nuclear

Líquidos y métodos

Fórmulas exactas

Violador de actas

Sublevador te jactas

Risa bajo las mantas

Cuidado con lo que pactas

Voces que ya están hartas

La violencia ya no espanta

Esta convive

Y todo el mundo sobrevive

Aquiles en chile

Y en miles de partes

Longitudes y meridianos del globo

Visiones nubladas por humo plomo

Y no cigarrillo ni porro

Es otro gris el que entra por sus poros

Más denso que el lodo

Impedirán que veas todo

Todos nacimos solos

Y hay que verla

Aventurarse nuevamente

A descubrir la tierra

Con leyendas

Con historias

Ocupemos herramientas

Del lenguaje

No verbal y los escritos

Derribando mitos

vs conglomerados político

monopolios económicos

No nos quedamos chicos

El control de la población

Es por la televisión

Y los medios de comunicación

En constante reproducción

De esquemas, estereotipos y prejuicios

Nada de eso es verdad

Es un espejismo

Poesía es el sismo

que derrumba los cinismo

con un pie en el abismo

lanzándose al vacío

lo que he oído

el ruido del cuerpo caído

rendido ante nada

y ante todo

nada está prohibido

todo está permitido

estos aullidos

suelen ser

mis preferidos.

***

Oscar no leía. En su memoria guardaba las poesía, y en su cuerpo, la expresión, las pausas y el énfasis del declamador que lleva años contando historias. Decía que su forma de hacer poesía era como la que enseñaban en los colegios de antaño, la de Gabriela Mistral, la que se entendía. Cree que las cosas que se escriben ahora apenas se entienden, que hablan más de sentimientos y cosas pesonales que de los problemas nos afectan a todos, algo que debería importarle a la sociedad. Por eso en sus poemas contó la historia del dibujo del pescador de Cartagena, o en otro, invocó a Vicente Huidobro, y así habló entre sus versos sobre los profesores y sobre los que no tienen casa.

Del libro: Poesía en tiempo real…Historias con contenido actual |Por Óscar Rojas 

Huidobro-Huidobro

(Prólogo)

¡Huidobro-Huidobro!

Te invoco donde quieras que tú estés

Tu hermosa poesía es un arte

Tu historia y escritura infinita

Por eso jamás podremos olvidarte

 

¡Huidobro-Huidobro!

Hombre y poeta sin igual

Tus versos son encarnación

Tus odas serán canción

Porque estabas lleno de inspiración

 

¡Huidobro-Huidobro!

En el viento, en los montes y en el cielo

En la tierra, en los bosques y en el mar

Vaga tu recuerdo y querido

Paseando orgulloso al volar

 

¡Huidobro-Huidobro!

¿Quién no escuchó tu voz?

¿Quién no leyó tus versos?

¿Quién no escuchó tu risa?

Poeta grande y de brazos abiertos

 

¡Huidobro-Huidobro!

Dicen que arriba de un cerro,

Dicen que está tu tumba,

Dicen que desde el fondo se ve el mar

Dicen que por las noches retumba.

¡Huidobro-Huidobro!

En tu querida escritura

En tu Cartagena

En tu querida playa grande y playa chica

Se nos va y se nos queda la pena.

 

¡Huidobro-Huidobro!

Orgullo de nuestra comuna

Te veo en sueños volando hacia las dunas

Te veo grande y fuerte como Sansón

Orgullo eres de nuestra nación.

 

¡Huidobro-Huidobro!

Ejemplo de nuestros padres

Ejemplo de nuestra cultura

Ejemplo de nuestras artes

Ejemplo de nuestros estudiantes.

 

¡Huidobro-Huidobro!

Te invoco donde quiera que estés

La intención nunca fue molestarte

Eres un poeta grande y muy importante

Por eso quisimos humildemente recordarte

***

 Hubo varias vueltas. A medida que atardecía los versos armados fueron cambiados por palabras sobre lo que cada uno esgrimía como poesía. Un navegado de membrillo se paseó por los paladares que hablaban del universo y los dioses. Óscar decía que Dios no estaba aquí ni en ninguna parte porque era imposible que un pintor se metiera en su propia obra. La mayoría de los poetas que estábamos ahí éramos jóvenes y escuchábamos al experimentado. Él destacó la forma de escribir de Juan, decía que se le asemejaba por lo clara y concisa, esa forma de hacer poesía para todos.

Sin título | Por Juan Cáceres

Un día de los días

me levantaré de mi silla

para perderme en la pobre lumbre

de este siglo puro

sol del capitalismo

 

Y cuando esté entre la gente

pediré silencio a gritos

para llorar como lo hicieron

las monjas de Valle Grande

que creyeron que el Che

era Jesucristo.

La noche se comió las luces y las voces, los poetas se volvieron a repartir como estrellas solas en su pedazo de espacio, haciendo señales para el próximo encuentro.